Programación del módulo
Las competencias para el emprendimiento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El espíritu de empresa: una competencia clave.

La Comisión Europea ha elaborado recientemente (noviembre de 2005) una recomendación para el parlamento Europeo y para el Consejo sobre las competencias claves para el aprendizaje permanente.

En dicho documento, las competencias se definen como una combinación de conocimientos, capacidades y actitudes adecuadas al contexto. Las competencias clave son aquellas que todas las personas precisan para su realización y desarrollo personales, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo. Al término de la educación y la formación iniciales, los jóvenes deben haber desarrollado competencias clave en la medida necesaria para prepararlos para la vida adulta y deben seguir desarrollándolas, manteniéndolas y poniéndolas al día en el contexto del aprendizaje permanente.

Se establecen por parte de la Comisión ocho competencias clave:

  1. comunicación en la lengua materna
  2. comunicación en lenguas extranjeras
  3. competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología
  4. competencia digital
  5. aprender a aprender
  6. competencias interpersonales, interculturales y sociales y competencia cívica
  7. espíritu de empresa
  8. expresión cultural.

Por espíritu de empresa se entiende la habilidad de la persona para transformar las ideas en actos. Está relacionado con la actividad para planificar y gestionar proyectos con el fin de alcanzar los objetivos. En esta competencia se apoyan todas las personas en la vida cotidiana, en casa y en la sociedad ( los asalariados al ser conscientes del contexto en el que se desarrolla su trabajo y ser capaces de aprovechar las oportunidades) y es el cimiento de otras capacidades y conocimientos más específicos que precisan los empresarios al establecer una actividad social o comercial.

Entre los conocimientos necesarios se incluyen las oportunidades existentes para las actividades personales, profesionales y comerciales, incluidos aspectos de mayor amplitud que proporcionan el contexto en el que las personas viven y trabajan, tales como la comprensión en líneas generales del funcionamiento de la economía y las oportunidades y los desafíos que afronta todo empresario u organización. Las personas deben ser conscientes también de la postura ética de las empresas y de cómo éstas pueden ser un impulso positivo, por ejemplo mediante el comercio justo y las empresas sociales.

Las capacidades tienen que ver con una gestión proactiva de los proyectos. Entrañan capacidades como la planificación, la organización, la gestión, el liderazgo y la delegación, el análisis, la comunicación, la celebración de sesiones informativas, la evaluación y el registro, así como la habilidad para trabajar tanto individualmente como colaborando en equipos. La capacidad de determinar los puntos fuertes y flacos de uno mismo y de evaluar y asumir riesgos cuando esté justificado es esencial.

La actitud empresarial se caracteriza por la iniciativa, la proactividad, la independencia y la innovación tanto en la vida privado y social como en la profesional. También está relacionada con la motivación y la determinación a la hora de cumplir los objetivos ya sean objetivos personales o metas fijadas en común con otros y tanto en el ámbito laboral como fuera de él.