El botones Sacarino en el A.T.I.C.O
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Teniendo una vez más como escenario el ámbito laboral (en este caso la redacción de un periódico denominado "El aullido vespertino"), el maestro Ibáñez dibuja unos personajes integrados en una estructura jerárquica dentro de una empresa. Las relaciones que se producen en este entorno de trabajo tan peculiar y en ocasiones próximo nos pueden mostrar algunos comportamientos denominados tóxicos y relacionados con nuestro módulo profesional de RET. LOS PERSONAJES Sacarino es un chico ingenuo y un algo torpe, botones de un periódico. Tiene múltiples tareas que realizar: limpiar y ordenar los despachos, llenar de tinta los tinteros, hacer todo tipo de recados, etc. Pero Sacarino siempre intenta escaquearse del trabajo para dormir, traer algún bicho al trabajo o jugar a algún juego. Por culpa de sus juegos, Sacarino suele provocar líos, confusiones y jaleos en las oficinas, las cuales molestan o perjudican al director o al presidente. No suele darse cuenta del hecho, y cuando lo hace, prefiere esconderse en lugar de afrontarlo. El personaje es considerado como una especie de Tomás el Gafe vestido de Spirou.
El director de ediciones, o, como lo llama Sacarino, el dire es un hombre que siempre está enfadado, viste todo de negro y se preocupa mucho por agradar al presidente y a sus demás superiores. A cambio, es un pequeño abusón con los empleados. El director intenta siempre pillar a Sacarino in fraganti, pero lo único que consigue es que el presidente piense que él es el culpable de todo, llevándose todos los golpes por culpa de Sacarino. Hay que señalar que este personaje está basado en Rafael González, director de publicaciones de Editorial Bruguera. El presidente, o, como lo llama Sacarino, el presi, es el gerente de la empresa editora del periódico, solo por debajo de los accionistas. Tipo de temperamento colérico e irascible, suele ser la víctima de los líos, confusiones y jaleos de Sacarino, pero las apariencias siempre señalan al director, al que casi siempre cree culpable. |
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El sarcasmo, el ánimo de escaqueo y las ganas de agradar siempre al superior inmediato sin conseguirlo y sin asumir responsabilidades, son las tónicas generales de estas historietas que una vez más son el reflejo de determinados arquetipos de nuestro sistema productivo.
